Vacaciones en Roma

Mi amiga Marta es esa mujer que quiere verlo todo. Cuando digo todo me refiero a que si en un día ve 58 iglesias, 13 monumentos y 28 plazas, por la noche te dice: “Ahora vamos a coger el tren y vamos a descubrir un barrio típicamente italiano, nada turístico, que te va a encantar”. Y yo soy ese que le dice que sí porque no quiere admitir que está en peor forma que ella. Yo soy ese que pensaba que estaba en forma pero que ahora, que me comparo con Marta, que camina 30 km al día y se queda tan ancha, descubro que no lo estoy tanto como podría estarlo.

En Roma no sólo descubrí que Marta está en mejor forma que yo: también reconfirmé algo que ya sabía: que es una ciudad que merece la pena. Old fashion y carísima, pero merece la pena. Como cuando nos subimos a lo alto del museo Vitorio Emmanuelle y desde esas vistas panorámicas se creía uno como Leo Di Caprio en ‘Titanic’: todos esos monumentos grandiosos que se entremezclan con el latido de la ciudad, el impresionante Vaticano, las galerías, las mil y una iglesias, las basílicas, esas ruinas construidas por personas que vivieron… ¡Varios años antes de Cristo! Todo eso le hace creer a uno en el ser humano.

En la Capilla Sixtina hice la travesura de hacerme un selfie (sin flash) escondiéndome de los peligrosos seguratas y luego algunos lectores me echaron la bronca. Sorry: no soy perfecto. Y lo voy dejando claro: voy a seguir haciendo mis pequeñas travesuras…

¿Lo que más me gustó? La inmensidad, que le sorprendía a uno en cualquier esquina. El concepto del aperitivo. Los artistas y estudiantes de bellas artes que dibujaban en la plaza de Santa María de Trastevere. La última cena. La placita del barrio de Monti, tan viva, con tanta gente joven que se bebía una cervecita después de trabajar. El respeto que los romanos sienten por los gatos. Los barrios alternativos que no salen en las guías a los que me llevó mi amiga, como San Lorenzo. Compartir viaje con Marta y poder comprobar, una vez más, lo maravillosa y generosa que es.

Texto y fotos: CURRO CAÑETE