Vacaciones en El Bierzo

Hola. Escribo esta nota a las 7.40 de la mañana desde El Bierzo (es sábado, no sé cuándo podré subirla), concretamente desde la planta de arriba de una casa preciosa en Orbanajo, un pequeño pueblo en el que no he visto nunca a nadie, sólo dos perros muy simpáticos, también muy grandes, que siempre salen a saludar.

El dueño de esta maravillosa casa, José Ángel, es terapeuta: precisamente está construyendo con su mujer otra casita, mucho más pequeña, para dos personas. Hacen terapia de parejas, masajes ayurvédicos y él, concretamente, trabaja con los sonidos. Nos ha propuesto hacer una terapia de sonido por sólo cinco euros por persona y dice que los niños son bienvenidos, lo cual me ha sorprendido muchísimo y también me ha gustado. Guauuuu, toda la familia haciendo una terapia musical en algún lugar de la montaña…

Está amaneciendo. En realidad, ha amanecido ya: el sol sale desde las montañas verdísimas y me da en la cara con esos rayos de buena mañana que son los que más me gusta recibir.

Todos duermen: las niñas, el niño, Trufa, las hermanas, los cuñados, también Gonzaga, el sobrino, un joven aventurero bien guapo que ha aparecido por aquí casualmente: salió de Sevilla hacia el norte con una mochila, sin itinerario y sin ruta fija. Lleva una cámara y un libro, En el camino, de Keruac.

“Pero entonces bailaban por las calles como peonzas enloquecidas, y yo vacilaba tras ellos como he estado haciendo toda mi vida mientras sigo a la gente que me interesa, porque la única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas.”, se lee en ese libro mítico, y cuenta Gonzaga que en su viaje todas las fichas han ido encajando una a una con precisión milimétrica. Mejor imposible, y sin planear nada.

Podréis ver en algunas fotos, cuando buenamente pueda subir este post, de la cantidad de sitios bellos que hemos visto.

Me quedo perplejo ante la inmensidad del mundo y el abismo al que nos acerca la naturaleza. Y mientras más cosas descubro más me alucina todo.

Ha sido un viaje extraordinario: gracias Enri, gracias Carmen.

¡Besos a tod@s!

Curro Cañete