La noche más corta

 

Ayer por la tarde se marchó a su país mi amigo Jimmy. Jimmy en realidad se llama Hancong, pero él dice en Madrid que se llama Jimmy para que a la gente le resulte más fácil pronunciar su nombre. Esto me recuerda a Akiko, una japonesa increíble con la que compartí un verano entero de la que no supe nada más una vez que regresó a su país. El caso es que Jimmy, estudiante de Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid, es de China, pero no se diferencia en nada a mucha gente de aquí. Dice que él quiere vivir en Europa, que las cosas en China no son tan fáciles, pero que todavía no sabe, que irá viendo, y que tal vez el año que viene va a Australia porque allí vive su hermana.
Jimmy es un aventurero, evidentemente.
Mi experiencia directa me dice que no somos tan distintos como a veces nos hacen creer los periódicos o la sabiduría popular. Por el contrario, veo muchas más diferencias con mi vecina de abajo que con Jimmy, aunque ella sea española. Lo he experimentado por mí mismo en todos mis viajes, así que eso de “estos son así”, “estos son asá”, no me resulta del todo válido, más allá de la etiqueta o de que a algunos les resulte más rica la comida picante y a otros menos. A Jimmy el picante le encanta, por ejemplo, pero a mi amigo Alfonso también.
¿Qué pensáis vosotros?
Por cierto, anoche fue San Juan, una de las noches bonitas del año. Yo fui a dar un paseo por el Parque del Oeste después de trabajar, de ahí la foto que veis hoy (que espero que os guste). En Madrid no hay playa, eso es cierto, pero uno esperaba encontrar una hoguera para recibir todo lo bueno, pero a cambio me cayó el diluvio universal.
No importa nada: yo la imaginé igualmente, y del humo salían hacia el cielo y hacia las estrellas, viéndose cada vez con más claridad, todas las cosas buenísimas que están por llegar para vosotros y para mí
¡Buen miércoles!