Triunfa la belleza en el concierto revolucionario y memorable de Patti Smith

“Hola. Estoy feliz del todo”, fue lo primero que dijo anoche, nada más salir al escenario, Patti Smith. Pronunció la frase mágica en castellano, y sonrió, una primera sonrisa de las muchísimas que intercambiaría con el público a lo largo del concierto. Luego presentó a su guitarrista y pianista, Tony Shanahan, y empezó a cantar. It was beautiful, it was beautiful.

Patti Smith en el Teatro Español. © Curro Cañete

Patti Smith en el Teatro Español. © Curro Cañete

Tenía lugar el concierto que la diosa ofreció en el Teatro Español dentro del ciclo Poesía en Concierto de Los Veranos de la Villa, y sí, también recitó poemas, aunque más que recitarlos los interpretaba extáticamente, llegando casi al estado de trance, lo que nos da pistas sobre su propia intensidad, pues no da la sensación de que sea una de esas personas que fingen. El público estallaba cada dos por tres, extático también, rendido ante la belleza, ante la fuerza mágica de la cantante, que en la media hora final se saltó todas las normas, permitió que la gente hiciera todas las fotos que le diese la gana, levantó a todo el mundo de sus butacas, se bajó del escenario y pasó entre el público, animó a todo el mundo a hacer palmas.

Patti Smith y Tony Shanahan, en un momento del concierto © Curro Cañete

Patti Smith y Tony Shanahan, en un momento del concierto © Curro Cañete

Increíble fue lo que se vivió cuando cantó su “People have the power”, pues la energía era real, estaba allí (“too much electric energy”, dijo ella), y cuando, casi al final, hizo lo propio con Because the night, su tema más conocido, ya nadie estaba sentado en su butaca. Después volvió a recitar (o lo que fuera aquello), animando apasionadamente al respetable a no tener miedo, a ser fuertes.

La más de lo más. A la salida del concierto de Patti Smith anoche, en las puertas del Teatro Español, sólo había que mirar a la gente a la cara. Todo el mundo salió nuevo y distinto. Y en muchos rostros iluminados había indicios evidentes de transfiguración. El poder de la belleza dio resultado. Porque sí, lo admito, yo soy impresionable, pero lo de ayer fue algo hermoso y conmovedor. Sin exagerar.

No olvidará este momento. © Curro Cañete

No olvidará este momento. © Curro Cañete

Homenajes. Patti Smith homenajeó anoche a los muertos de Noruega, dedicándole a sus madres, que “han sufrido la cosa más terrible” que pueda suceder, “Peaceable Kingdon”. Homenajeó a los indignados del 15-M, y llegó a enseñar orgullosamente una pancarta que un asistente le dio en la mano. Antes había dicho: Me interesa mucho esta revolución, en la que no se hace daño a nadie, no como la de Noruega.. También Amy Winehouse, esa “great artist” de la que no le importan las causas de su muerte, porque será “recordada por su trabajo, porque lo que finalmente queda en una persona que crea es un trabajo”, y a la que le dedicó un poema de Lope de Vega (¡en serio!), y una canción, Pissing in a River, come back, come back… Homenajeó a su marido muerto, a su hermano muerto, a su hijo (“my boy, tan alto -alzó su mano bastantes cabezas sobre sí misma para que el público se hiciera una idea de su altura- y un guitarrista estupendo”). Pero sobre todo, repito, su concierto fue un homenaje a la belleza.

Patti Smith, de cerca. Después del concierto, la escritora Belén Gópegui y unas diez personas más, todas ellas amigos o familiares (no olvidemos esa cena en Barcelona por la que envidiaré insanamente toda la vida a Bob Pop), brindaban con vino con Patti Smith en una sala del Teatro. También había un periodista infiltrado, que se coló hábilmente, y al que la maga le dio la mano, le felicitó por su cumpleaños y le firmó un ejemplar de Just kids (“Éramos unos niños”, en la traducción), ese libro en el que ella cuenta sus años vividos en el Nueva York de los sesenta, su intensísima historia de amor con el fotógrafo Robert Mapplethorpe, que murió por culpa del maldito/malvado/puto/asqueroso VIH/SIDA en 1989, y cómo ambos se lo jugaron todo por el arte.

Patti Smith y Robert Mapplethorpe. © Curro Cañete

Patti Smith y Robert Mapplethorpe. © Curro Cañete

años de pobreza, juventud y arte

años de pobreza, juventud y arte

La citada dedicatoria. Falta la fecha: 25-07-2011

La citada dedicatoria. Falta la fecha: 25-07-2011

Al mismo tiempo, en la puerta trasera del Teatro Español, la de la calle Manuel Fernández y González, unos treinta fans esperaban a la artista con discos en la mano. Ninguno se quedó sin su foto o su firma.

Pues eso. Ni una entrada

Pues eso. Ni una entrada

Lucía, Elisa, Andrea y Olivia. Tenían 19, 20 años y todas habían visto a Patti Smith varias veces. A la salida, le esperaron en la puerta de atrás

Lucía, Elisa, Andrea y Olivia. Tenían 19, 20 años y todas habían visto a Patti Smith varias veces. A la salida, le esperaron en la puerta de atrás

Los fans. Localidades agotadas. No es nuevo: Patti Smith llena en todas sus visitas a España. Había para todos los gustos: jóvenes y ancianos, modernos/as cool de los del Tribal madrileño otros/as de look más alternativo, hippie-fans y fans con rastas o tatuajes, otros con sombrero, mujeres teñidas y mujeres que, como ella, lucen orgullosamente sus canas y hasta falsos fans había, gente que no han escuchado una canción de ella en su vida pero que saben que “lo más de lo más” es contar al día siguiente en el trabajo “estuve en un concierto de Patti Smith”. Y guiris, muchos guiris. Dos chicas, una de Luxemburgo y otra de París, estaban en las dos primeras butacas. No era la primera vez que la veían en directo. A su lado, otro guiri, ¿finlandés, inglés, americano?, rubio, en chanclas y bañador, … el preferido de Patti Smith.

En esta foto se pueden ver la chica de Francia, la de Luxemburgo y... ¡al guiri rubio!

En esta foto se pueden ver la chica de Francia, la de Luxemburgo y… ¡al guiri rubio!

El fan preferido. Era muy joven, unos veinte años, y antes del concierto tomó un café en el bar del teatro y dio una vuelta por los alrededores. Estaba solo. El chaval, luego lo descubriría, tenía butaca en la primera fila. Patti Smith se acercó a él varias veces desde el escenario. Una vez posó para su cámara a menos a menos de medio metro de distancia y el bello le hizo una foto desde tan cerca que creo que ni el mejor fotógrafo podría haberse llevado un recuerdo gráfico mejor que él. La cantante también le ofreció su micrófono para que él continuara con una canción y el chaval se puso a cantar, feliz. Cuando terminó todo, yo le busqué por todas partes, para conocerle, para preguntarle y para pedirle la foto para esta crónica (que iría firmada con su nombre, por supuesto). Pero había desaparecido.

Políticamente incorrecto. “Aquí la gente no se está enterando de lo que dicen sus poemas, pues, ¿desde cuándo en España entiende la gente el inglés?”

La actriz Bárbara Lennie e Iñaki, también actor, no se perdieron el concierto

La actriz Bárbara Lennie e Iñaki, también actor, no se perdieron el concierto

Los detalles. Escupió varias veces sobre el suelo del escenario (¿alguien habría hecho eso alguna vez en el Teatro Español?). Sus gafas. La artista cada vez que iba a coger un folio con un poema se colocaba su gafas y bromeaba sobre su miopía. La mesita sobre la que tenía los poemas, muy bonita.

Lo peor. No haber comprado una entrada con derecho a butaca la primera fila.

Lo mejor. Lola García, que fue quien regaló al periodista por su cumpleaños el libro que él había perdido, y que le ayudó a traducir muchos de los mensajes de Patti Smith.

Lola García Fernández y Curro Cañete, a la salida del concierto. © Curro Cañete

Lola García Fernández y Curro Cañete, a la salida del concierto. © Curro Cañete

La última canción. Rock and roll nigger: Outside of society, that’s where I want to be Lenny. Ella puede hacerlo.

Nota media: 10