Sigue nadando y nadando y nadando

Sigue nadando y nadando y nadando, se escucha en Buscando a Dori, la maravillosa película de Walt Disney que resume en una hora y media la esencia misma del coaching: cuando tenemos un objetivo, si vamos a por ello, y perseveramos, tenemos grandes probabilidades de tener éxito. Pero no vale tirar la toalla a la primera de cambio. No vale que cuando las cosas no salgan bien a la primera digamos: “Yo no valgo” o “yo no me lo merezco” o “yo no puedo”. Podemos parar un poquito, pero esas frases que tantas veces se dicen algunas personas son terribles y conviene que dejemos de decírnoslas cuanto antes. No vale que digamos eso porque son creencias muy debilitadoras que podrían impedirnos conseguir lo que tanto deseamos. Es hora de ponerse a cambiar el viejo disco de gramófono que suena con esa canción anticuada que no te hace ningún bien.

Buscando a Dory

Buscando a Dory

Seguir nadando, qué razón tiene Dori. A veces tenemos mucho miedo pero conviene seguir nadando. A veces la vida se nos hace cuesta arriba, pero conviene seguir nadando. A veces parece que va a ser imposible conseguir algo, pero conviene seguir nadando. A veces se nos cae el alma a los pies, pero conviene seguir nadando. A veces nos abandonan, pero conviene seguir nadando. A veces no entendemos el comportamiento de los demás, pero conviene seguir nadando. A veces hay personas que tratan de hacernos sentir pequeños por nuestros gustos, por nuestra forma de ser, por nuestra manera de ver la vida, pero podemos seguir nadando.

Podemos nadar incluso si llegamos a pensar que no podemos nadar más, porque eso sería sólo un pensamiento, y no nos tenemos que creer nuestros propios pensamientos.

Es bueno creerse sólo lo que nos infunda poder, fuerza, ilusión por la vida, esperanza, no miedo. Y con esto no me refiero a que si aparece una serpiente venenosa por el pasillo de tu casa, no salgas corriendo al tiempo que gritas como una loca. Al contrario: sal corriendo gritando, llama a los bomberos o a la policía o al vecino guapísimo del quinto, si es que me da igual. Lo que yo quiero decir es que puedes darte cuenta, mirando con honestidad, si el miedo es psicológico, y si estás dispuesto/a a asumir el riesgo que conlleva toda vida. No se puede vivir de verdad sin arriesgar nada, pero eres tú, y nadie más, quien debe elegir qué arriesga, y cuánto.

Elijas lo que elijas, sigue nadando. También si te equivocas, si te metes en el camino equivocado, si metes la pata hasta el fondo. Sigue nadando. Dori, ese pececillo tan adorable, arriesgó mucho, arriesgó tanto y nadó tan lejos, que finalmente consiguió lo más valioso que podía conseguir: volver al hogar.

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