Día dos: Luna llena sobre el mar

La historia de esta foto merece ser contada. Se tomó el último día, el último, del viaje de ocho meses que Curro hizo en 2015 para poder terminar de escribirme.

La luna, el 5 de junio de 2015.

La luna, el 5 de junio de 2015.

Yo era un libro muy complicado, lo reconozco. Había muchos elementos y no era fácil aunarlos todos. Me resistía pero al mismo tiempo le iba diciendo a Curro como buenamente podía lo que él tenía que hacer. Curro estaba muy atento a todo y desde el principio estuvo dispuesto a hacer por mí lo que fuera. Sabía que se estaba metiendo en un berenjenal nada pequeño, pero aún así estaba dispuesto. Hubo versiones, páginas y páginas en la papelera e incluso algún intento de abandono, como leeréis quienes me compréis y me llevéis a vuestro hogar, cosa que yo le agradezco a Curro, que no abandonara, pues de otro modo yo no existiría. Y ese último día de viaje, antes de regresar a Madrid, después de estar todos esos meses solo, con el mar, levantándose muy temprano para ver si me sacaba adelante, Curro fue a dar un paseo por la orilla de la playa. Él quería que ocurriera algo especial esa última noche. Pero no ocurría nada. Curro miraba hacia el horizonte y se preguntaba, ¿dónde está la luna? Incluso se lo preguntó a un pescador que le miró con cara rara y le dijo que no tenía ni idea de dónde estaba la luna. Era tarde, las 23.40 del 5 de junio de 2015. Y cuando ya Curro se iba a ir y avanzaba hacia el paseo marítimo, se dio la vuelta y vio esta luna que veis en la foto, saliendo del mar, la más grande que había visto jamás. No tenía cámara, pero vio a un chico cerca del paseo con un trípode. Curro se acercó. El chico era de Finlandia, creemos, y no podían entenderse muy bien, pero finalmente el chico le dijo que sí, que le regalaba una foto de esa increíble y última escena. Es la foto que veis ahora vosotros, gracias a ese chico ruso que le dio el e-mail y le mandó la foto, que va firmada por él: Atte Leskinen. Y así regresó al día siguiente Curro a Madrid, con la primera versión del manuscrito terminado (aunque todavía le quedaba muuucho trabajo) y ese regalo fabuloso en forma de luna con el que se encontró la última noche.

Feliz día a todos y gracias a los que me estáis comprando y llevando a vuestro hogar.

Una nueva felicidad.

El libro de Curro.

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