Los sueños cumplidos de Miguel Ángel Silvestre

Miguel Ángel Silvestre y Curro Cañete, en el despacho de Pedro Almodóvar.

Me colé en primicia en el pase de ‘Los amantes pasajeros’ y hablo con el actor sobre cómo es entrar en el universo almodovariano

Miguel Ángel Silvestre y Curro Cañete, en el despacho de Pedro Almodóvar.

Miguel Ángel Silvestre y Curro Cañete, en el despacho de Pedro Almodóvar.

Hay dos tipos de sueños: los que se cumplen y los que no se cumplen. Y Miguel Ángel Silvestre, que hace apenas diez años aún soñaba con ser tenista profesional, lo sabe. También sabe que si cuando se subía al escenario de un teatro alternativo de La Latina, hubiera llegado una persona sensitiva (una de esas que, como la Lola Dueñas en ‘Los amantes pasajeros’, huelen lo que va a suceder) y le hubiera dicho: ‘En siete años, trabajarás con Almodóvar’, se hubiera echado a reír (“no, no me lo hubiera creído, ¿cómo me iba a creer algo así?”). La persona ‘sensitiva’ no supo que iba a trabajar con Almodóvar tan rápido, pero sí existió, y tiene nombre y apellidos: Beatriz Castro, su representante, que lo vio en ese teatrillo alternativo de Madrid y lo tuvo claro: Este chico no es como los demás. Y lo fichó. Y así nos vimos el día de esta entrevista, mirando él y yo embobados el cartel original de ‘La ley del deseo’, en el despacho de Pedro Almodóvar. “Qué cosas, ¿eh?”, dijo él, echándose a reír, porque conviene explicar que Miguel Ángel Silvestre ríe mucho, con esa sonrisa luminosa que tiene, esa mirada franca que le hace diferente y que, sin duda, es más poderosa que sus abdominales. Pero tranquilidad: en esta entrevista ligera (como la peli) también le preguntamos por sus abdominales. Por sus abdominales y por cómo es Pedro en las distancias cortas y por cómo ha sido este salto de gigante…

Dice Javier Giner, jefe de prensa de la película, que ‘Los amantes pasajeros’ es “intrascendente en el mejor sentido de la palabra”, y lo citamos porque es rigurosamente cierto: se trata de una comedia muy divertida y muy disparatada y muy incorrecta, la película que viene a callar a quienes llevaban años diciendo que Almodóvar había perdido su capacidad para crear humor, una afirmación algo ridícula, por otro lado, pues no hay guión ni película suya, por dramáticos que fueran, que no estén trufados de esas situaciones no por cotidianas menos tronchantes que han hecho de su cine un universo único admirado en tantos países del mundo.

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Pero sí es verdad que vuelve a la comedia pura en esta película coral, quizás la más coral de todas sus películas, con personajes que van desde la citada Lola Dueñas (“huelo mucho a muerte. Empecé a oler al principio del viaje, pero pensé que era por los pedos”) hasta una reinona botoxixada y en decadencia (Cecilia Roth, irreconocible) pasando por unos azafatos gaIs con una pluma que no se ve ni en los garitos de Chueca (Raúl Arévalo, Carlos Areces y Javier Cámara, Este último tan incapaz de mentir como la Chus Lampreave de ‘Mujeres…’), dos pilotos de vuelo (presuntamente) muy machitos y desafectados (Hugo Silva y Antonio de la Torre), parejas deshechas (como la de Guillermo Toledo y Blanca Suárez), mujeres que les gusta vivir cerca del abismo (Paz Vega) y, entre otros, unos recién casados que se creen, ilusos ellos, que van a pasar la noche de bodas haciendo el amor en un lujoso hotel de México DF (“Ahora mismo estamos dando vueltas por Toledo”, “Toledo, ¿de Ohio?”, “No, Toledo de Castilla – La Mancha”, se escucha en el filme). Y aquí es donde entra Miguel Ángel Silvestre, que supera la prueba y protagoniza, además, algunas de las secuencias más sexuales del filme. Un filme sin desnudos, pero a ratos con una carga erótica que ni en Emmanuelle.

La primera pregunta es obligada: ¿Qué supone trabajar con Almodóvar para alguien que no ha trabajado nunca con Almodóvar?

Yo sentía mucho respeto hacia él y desde luego en el primer día de ensayo estaba muy, muy nervioso. Pero eso duró poco: él se encargó de que se me fueran los nervios. ¿Cómo? Pasando de mí. Y así, sin hacerme ni caso, consiguió que se me fuese toda la tontería. Él se ilusiona como cada uno de nosotros, es como si fuera un actor más. Quiero decir que sabe ponerse en la piel del actor, transformándose y desmitificándose a sí mismo, de tal forma que consigue lo que busca: que tengamos confianza con él, y cercanía. Y que perdamos el sentido del ridículo. Hace que te sientas cómodo y tranquilo a su lado.

Pero la leyenda dice que es un hombre muy duro con sus actores.

¿Duro? A mí no me lo parece. Exigente desde luego sí, pero eso es muy bueno. Eso me gusta. Ensaya, prueba, ensaya, prueba… pero, por lo menos en este caso, que es el que yo conozco, los ensayos fueron divertidísimos. Lo pasamos todos bomba. Se deja llevar mucho por la intuición, por lo que siente en el momento. Si una vez que está en el set de rodaje, por lo que sea, ve que una secuencia no funciona, la cambia. Tiene un mundo muy particular y tiene muy claro lo que quiere, por supuesto, pero se deja sorprender por lo que se vive en el momento. Eso es fantástico. La peli estaba viva mientras la hacíamos. Él te explica mucho cómo es el personaje, tiene muy claro lo que quiere, pero en el último momento, te dice: ‘deja que surja todo espontáneamente. Vuela’. Otra cosa que me encantó del rodaje con él son todas las referencias cinematográficas, culturales, literarias, porque no es sólo lo que se ve en la película, es que él no para de hablar de pintores, de libros, como si uno estuviera en una masterclass cada día.

¿Cuándo supiste que el papel era para ti?

Me lo dijo él mismo, después de una prueba, y me fui de El Deseo dando saltos, literalmente. Es algo que siempre soñé, al menos desde que empecé en esto de la interpretación, poder participar alguna vez en esa atmósfera tan particular de sus personajes.

Sueños que se cumplen.

Sí, hay sueños que se han cumplido y otros que no. A los trece años me fui a Barcelona detrás de un sueño, ser tenista profesional… Ese sueño no se cumplió, pero luego llegó el deseo de ser actor… Si hace siete años cuando estudiaba para actor me hubieran dicho que algún día haría una película con Pedro Almodóvar, no lo hubiera creído. La realidad ha ido más rápido de lo que nunca hubiera imaginado…

Ya que Pedro habla muy claro en esta película irreverente, y no se corta nada, hablemos claro nosotros: En una secuencia sale enfocado algo muy voluminoso debajo de tu pantalón, entre tus piernas. ¿Qué dirán tus fans cuando vean en pantalla tamaño miembro? Entre lo sexual que es el personaje que protagonizas y esto… ¡Se van a volver locas!

Ja, ja, ja, no lo sé. Ja, ja, ja. A lo mejor dicen, sólo eso… Con estas cosas nunca se sabe.

Me han dicho que no te gustan mucho los gimnasios, ¿cómo haces para mantener el cuerpo que tienes? Nos gustaría tomar nota de la fórmula mágica…

Me alimento muy bien. Como de forma muy saludable. Y practico boxeo. Ahora mismo no, pero lo hacía hasta hace muy poco. Me va por temporadas. Me sirve para mantenerme y para quemar adrenalina. También hago más deportes: voy a patinar, me encanta hacer surf, es una pasada ese contacto con el mar, y cuando puedo me escapo. Y ahora de cuando en cuando voy a correr. Correr siempre me ha parecido un tostón, pero ahora le estoy cogiendo el punto. Está empezando a gustarme.

En la peli

En la peli

Podemos seguir hablando del fenómeno fan. Al fin hemos conseguido lo que parecía imposible: olvidarnos de El Duque. Nunca, jamás, al menos yo, te volveremos a preguntar por ese personaje. Pero, ¿se ha ido ya el pánico que sentiste alguna vez ante las consecuencias no previstas de la fama? Y te lo dice alguien que vio, con sus propios ojos, en un Festival de Málaga, como una fan trepaba por la pared tratando de llegar a tu habitación de hotel…

Ya he aprendido a tomármelo con mucha calma. Creo que uno se estresa porque uno quiere. Y yo me he estresado mucho durante un tiempo, pero ahora estoy más relajado. Creo que ese tipo de cosas hay que tomárselas a cachondeo, no tan en serio. Eso es lo que yo hago ahora: reírme. Y de alguna manera también lo he aprendido de Pedro, que sabe lo importante que es no tomarse en serio las cosas. Él nos decía: ‘Hay que pasárselo bien con lo que hacemos. Si no, no merece la pena. Luego estará bien o no, gustará más o menos, será transgresor o no, pero el objetivo es pasárselo bien.’ ¿Qué me molesta cuando veo en una revista que se han inventado algo sobre mí? Claro, me molesta. Pero hasta ahí. He descubierto que con cuanta más naturalidad llevo mi vida, menos me preocupo por cosas que no son tan importantes.

© Curro Cañete

© Curro Cañete

¿Asumes tu condición de hombre guapo y sexy?

[Se ríe, y yo pienso: ¿cuántas veces le habrán dicho que es un hombre guapo?, ¿cómo se hace para tener un físico como el de él y no convertirse en un hombre creído? Él no parece serlo…]

Dime una cosa, ¿qué ha sido lo más difícil para ti, en todo este tiempo, desde que empezaste a tener éxito?

Tener que decidir entre proyectos. Hay que aprender a tomar decisiones, y eso no es fácil. También hay que aprender a decir que no. Esto ha supuesto un conflicto grande para mí. Pero ahora lo sé: decir que no es un acto de generosidad con un mismo, un acto necesario.

Sigamos hablando de la peli. Hablemos de drogas, por ejemplo. Porque en la peli hay drogas. Tú hablas de pastillas, las mascalinas. De hecho, hay un momento en el que parece que todos vais puestos de verdad. Conociendo lo políticamente incorrecto que es Pedro, ¿las probasteis para rodar esas secuencias?

No, no las tomamos, ja, ja.

En el avión se vive un momento de excitación general que casi traspasa al espectador.

Sí, es uno de los momentos que más me gusta de la película, por la música, por Lola Dueñas, por… no sé por qué, pero me gusta.

Una última pregunta [con MAS estaría uno charlando mucho tiempo, pero nos habíamos propuesto, recuérdenlo, una entrevista ligera, como la película]. El filme comienza con Penélope Cruz y Antonio Banderas, un comienzo amoroso y tronchante de embarazos y lío de maletas en el aeropuerto con nuestros dos actores más internacionales. Y tú, ¿te has planteado ir a Hollywood a triunfar?

Ja, ja, ja. Creo que no. Hablo inglés, porque lo aprendí desde pequeño, por el tenis. Pero, de momento… aquí estoy muy bien y muy a gusto. Me gusta mucho mi país. ¿Quién sabe lo que sucederá mañana?

Nadie, nadie sabe lo que sucederá mañana. No lo sabía Pepe Sancho, y no lo sabe este joven de mirada franca que se fue sonriendo de oreja a oreja de esta entrevista, ni ninguno de estos amantes pasajeros que llegan el viernes 8 de marzo a la salas de cine. A todos ellos les ha cambiado la vida, al menos en la ficción, este viaje de avión sobre el cielo de Toledo, un viaje en el que se enfrentan a sí mismos y acaban aprendiendo muchas cosas. A ser sinceros, por ejemplo. “La pasión y la incertidumbre son las de siempre. Me siento como en ‘Pepi’, pero con más canas”, ha dicho Pedro Almodóvar, que ya no es el jovencillo alocado y gamberro de los 80 que hablaba de mujeres desesperadas en el cine y desfasaba en el Rock-Ola, pero que, nos lo demuestra ahora, sigue teniendo las mismas ganas de reírse.