La vida es un segundo: Feliz puente de agosto de 2016

image

Desde el tren

Hola. Escribo esta nota desde el tren y me viene a la cabeza lo imprevisible que es la vida. Una gran amiga con la que estuve hace dos domingos pudo haber muerto esta semana por una cosa que sucedió y ahora está todavía más feliz precisamente gracias a eso. Otra amiga tenía un novio hasta hace 15 días con el que planeaba en común y ahora no tiene novio. Yo les explicaba a mis sobrinas él martes pasado, mientras cenábamos tan contentos en un Indio de Lavapiés, lo raro que era su tío: estaba feliz de quedarme todo el puente trabajando en Madrid. Alguna gente pone cara de angustia y no se lo cree, pero yo estaba feliz de trabajar en el puente más caluroso del año. Y además una de mis horas preferidas de ponerme a trabajar además de a primera hora de la mañana es a las 15h, como mi padre. No me aburro: escribo diariamente unos artículos bajo seudónimo para un periódico, leo y estudio mucho, estoy preparando varios talleres y tengo mi consulta de coaching abierta todo el verano con clientes que tampoco se han ido este año de vacaciones. Me preparo mucho las sesiones y además estoy haciendo un trabajo colosal de organización de los cientos de libros que tengo tanto de psicología (llenos de post it) como de otras materias, por no hablar del tiempo que me está llevando poner orden en los apuntes y más apuntes de los tropecientos cursos y el Máster que he hecho en los últimos cinco años. También estoy organizando mi casa, aprendiendo a quererla y a sacar de ella todo lo que no sirve. Doné este verano a una librería de mi barrio 200 libros por lo menos, y el librero, muy amable, me ha dado un vale por 80 euros. Me ha dicho: “Como mis libros son muy baratos tienes para un montón de libros nuevos que puedan interesarte”.

Y, sin embargo, ahora escribo desde el tren. Voy unos días de vacaciones que no tenía planeadas: hace tres días no existían y ahora existen, son una realidad. Acepté una propuesta repentina, maravillosa e irresistible que llegó el miércoles. Muy feliz de pasar unos días en la playa y poder nadar en el mar al atardecer y a primera hora de la mañana, cuando no hay casi nadie, pero sobre todo de darme cuenta que mi felicidad no dependía de eso: también iba a ser feliz en Madrid. Escribo esta nota desde el tren y comprendo que la vida cambia en un segundo y que sólo nos tenemos a nosotros mismos y este momento, estas personas que están aquí, este paisaje, estos sueños que están vivos ahora y que son tan grandes como él sol o como las estrellas. Eso es lo único que tenemos. Y lo mejor de todo es que no necesitamos más.

  *** Sigue a Curro en Facebook 

 

*** Quiero hacer coaching con Curro