Julieta, la culpa, la empatía y el regreso del mejor Almodóvar

'Julieta', de Pedro Almodóvar

‘Julieta’, de Pedro Almodóvar

No comparto castigar a una obra de arte porque salgan unos Papeles de Panamá. El autor y la obra de arte no van necesariamente de la mano. Tal y como yo lo veo, la obra de arte tiene vida propia: es un regalo que nos hace el autor, en este caso Almodóvar, que tendría dinero para no hacer más películas pero que se mantiene fiel a su compromiso, crear películas, alguna tan bella como ‘Julieta’

Vi ‘Julieta’ anoche, un día gris y frío, con lluvia, en los Cines Palafox, donde las entradas cuestan 5,5 euros los lunes (algo que yo no sabía). Me enamoré de Julieta, de su tristeza y de su tragedia, la dignidad con la que lleva a cabo la aventura de su propia vida, y de su hija, la hija de Julieta, que tardará muchos años en confesar su herida y más aún en ser capaz de ponerse en los zapatos de su madre.

Ponerse en los zapatos de la otra persona es comprenderla, porque todo el mundo hace lo que puede con el nivel de conciencia, los conocimientos y los recursos que tiene. Si vieran las cosas de otra manera, las harían de otra manera. Esto es algo que sé desde que era un niño. Lo decía de niño y nadie me escuchaba. Tengo un conocimiento profundo de esto que escribo, pero no pretendo convencer a nadie, ni siquiera pretendo defender el cine de Almodóvar, un cine que personalmente adoro y que ha dado la vuelta al mundo, que tanto ha ayudado a abrir la mente de tantas personas, que tantas risas y lágrimas nos ha provocado.

En Julieta hay más risas que lágrimas, como puede deducirse de esta frase tremenda: “Tu ausencia llena mi vida por completo, y la destruye”.

Recomiendo ver esta película sobre la empatía y sobre lo absurdo y destructivo que puede ser un sentimiento de culpa. “A pesar de mi silencio te contagié la culpa como un virus”, dice Julieta. No os sintáis culpables por nada jamás en la vida. Recordemos lo esencial: somos seres humanos.