Elsa Punset: “Nunca se envejece si hay ilusión”

El mundo en tus manos (Destino), de Elsa Punset, es un libro muy proactivo, lleno de ejercicios, sugerencias, planteamientos y reflexiones que pueden ayudarnos no sólo a ver el mundo de forma más amable y positiva sino también a relacionarnos con los demás de un modo menos torpe, más auténtico, haciendo que el otro se sienta mejor cuando nos comunicamos con él y que tú, querido lector o lectora, te sientas mejor también con el otro.

Elsa Punset y Curro Cañete, durante la entrevista.

Elsa Punset y Curro Cañete, durante la entrevista.

 

Y es que, lejos de lo que pudiera pensarse, esta escritora y divulgadora asegura que en la época actual vivimos, en realidad, un momento apasionante, lleno de oportunidades que no tuvieron nuestros mayores, y que, si desarrollamos ciertas habilidades no sólo para entendernos a nosotros mismos, sino también para entender a los demás, podemos disfrutar más de la vida.


 Por Curro Cañete

En el libro hablas de los viajes como una gran forma de mejorar nuestra inteligencia emocional y social. ¿Hasta qué punto es recomendable viajar?

Es muy recomendable. Porque los humanos, por el tipo de cerebro que tenemos, tendemos básicamente a categorizar las cosas y esto, categorizar, es la piedra de toque del prejuicio y de la exclusión de los demás. Cuando rechazamos a alguien, le hacemos daño, aunque a veces no seamos conscientes. Por eso nos ayuda mucho a ser ciudadanos empáticos conocer a otras personas y ponernos en su piel. Y esto no lo hacemos de otra forma mejor que viajando. Viajar te fortalece en muchos sentidos, de ahí que yo recomiende a los jóvenes que viajen, que vean otras realidades, que comprueben por sí mismos que no hay una sola forma de vivir y de ver las cosas. Eso no quiere decir que estén de acuerdo con todo lo que vean, pero les puede ayudar a pensar: ¿Y por qué estos viven así y qué quiero yo?

Viajar nos puede ayudar a tomar decisiones, por tanto.

Decisiones conscientes. De eso va mucho libro. ¿Por qué eliges lo que eliges? Pues bien, simplemente yendo a la universidad de la vida y observando a los demás puedes ampliar tu campo de visión y recuperar tu capacidad de elegir. Se trata de que te preguntes: ¿Hago lo que hago porque quiero o porque me dejo llevar?

Elsa Punset. Foto: © Alex Río

Elsa Punset. Foto: © Alex Río

Pero lo importante, como dices en el libro, es que llevemos a la práctica aquello que pensamos.

Claro, porque si no… Es que ese es uno de los grandes problemas que tenemos es que no actuamos como pensamos. Tu vida es tu obra, porque no eres lo que dices, eres lo que haces. Lograr unir el pensamiento con la acción es inteligencia emocional y social.

Aprender a relacionarnos con los demás mejor, comunicar las cosas de un modo más amable y efectivo, es algo que cada vez interesa a más gente. Pero, ¿por qué crees que el avance de la inteligencia emocional y social va tan despacio?



No ayuda la educación en las escuelas, donde es necesario dar todavía pasos de gigante, no ayudan los medios de comunicación y no ayudan nuestros sistemas políticos, que están aferrados a una forma de vivir que, para mí, tienen muchos aspectos caducos. Y es que no se trata de cuidar el cuerpo físico solamente y olvidarse de todo lo emocional. Hay que comprender que va ligado y que es importante tanto lo uno como lo otro. Por otra parte, se le da una importancia enorme a la prosperidad económica, pero no a otras cosas que dan más felicidad. Ahora, que tenemos la información, estamos empezando a cuestionar estos modelos.

Animas en tu libro a los lectores a que sean pioneros y se conviertan en ciudadanos activos, que entrenan su mente y su cuerpo y deciden su forma de vivir, pero, ¿cómo influye nuestro entorno para que podamos dar estos pasos?

Mucho. Se ha estudiado que tú no puedes ir más allá que la suma de las cinco personas más cercanas que te rodean. Hay un ejercicio muy bonito: Pensar quiénes son esas cinco personas que nos rodean, y pensar cuál es su grado de curiosidad, su capacidad de relacionarse con los demás, su creatividad, su capacidad de abrir puertas, de expresarse, de entender el mundo que le rodea… su inteligencia social, en definitiva. Es bueno saberlo porque no vas a poder ir mucho más allá de la suma de estas personas.

Y, ¿qué hacemos si esas cinco personas no son lo que se dice optimistas y tampoco hacen nada de eso que dices?

Claro que todos en nuestra vida tenemos personas o cosas que no nos inspiran, no se trata de darles de lado. Hay una cierta lealtad de grupo que no se puede negar, pero tampoco nos podemos hundir con eso. Hay que estar siempre abierto, intentando abrir puertas a personas que nos inspiren y a cosas que nos inspiren. Y tratar tenerlas cerca de nosotros.

¿Es muy fácil perder la ilusión?

Se trata de una pequeña batalla el no dejarte arrastrar, el no perder la curiosidad y, por supuesto, el no perder la ilusión… Yo siempre digo que no envejeces mientras no pierdes la curiosidad. Envejecerás por fuera, pero no por dentro. Las personas que yo más admiro son personas que da igual la edad que tengan. Pueden estar arrugaditas, pero tienen tantas ganas de vivir…

Y estas personas que no pierden la curiosidad también son más guapas… 



Yo creo que sí, que nos hace muy atractivos.

¿Por qué mucha gente no aprovecha las oportunidades que le brinda la vida, aunque a veces las tienen delante?

Yo creo que es una cuestión de educación. Nos hemos acostumbrado a delegar, a ser muy pasivos y a esperar que las cosas vienen de fuera y a decir “huy, qué mala suerte”. En mi anterior libro hablo mucho de que la suerte depende en gran medida de la capacidad que tienes tú de generar oportunidades y de reconocerlas.

La suerte se hace.
Un gran parte de la suerte sí. Y sobre esta parte puedes trabajar, no sobre las cosas que te vienen dadas. Está en tus manos generar muchas de las oportunidades. A esto es posible entrenarse, como explico en el libro.

Es un trabajo casi diario, ¿no? Quiero decir que no vale decir: “Vale, yo hago un mes esto y asunto arreglado”

No, eso es un gran error. La gente se cree que con leer un libro ya te vale y no, no es eso, porque el cerebro entonces seguirá funcionando como estaba acostumbrado. Cambiar los hábitos en el cerebro te exige el mismo esfuerzo que te exigiría abrir un nuevo camino físico en una montaña. Lo fácil es ir por el camino que ya está hecho. Ahora tenemos muy claro que si queremos mantener el cuerpo bien conviene hacer ejercicio físico habitualmente, no basta con ir al gimnasio 15 días y luego ya no hacer nada. Lo mismo pasa con el entrenamiento positivo porque tenemos un cerebro que ve lo negativo. Hay que transformar y luego mantener. Es una forma de vivir, y yo lo que he intentado en el libro es aportar muchísimas sugerencias diarias sencillas para que cada lector lleve a cabo alguna de ellas. Hay varios niveles de lectura. El que quiera entrar en detalles, podrá hacer muchos ejercicios, que sé que funcionan porque he ido a buscar lo mejor que conocía.

La inteligencia emocional es un término que llevamos escuchando muchos años pero inteligencia social se ha escuchado menos…

No es la suma de muchas pequeñas inteligencias individuales, sino que hay cosas que podemos hacer en la sociedad que hace que nos relacionemos mejor. He puesto un pequeño test al comienzo de cada capítulo que te da una idea de cómo está tu inteligencia social. Y los ejercicios para transformarla.

La paradoja es que hay gente que está muy preparada, que tienen puestos muy cualificados y luego se comunican muy torpemente, de modo que perjudican a los demás y salen ellos mismos perjudicados.
Si tienes inteligencia emocional eres mejor jefe y mejor líder, porque es evidente, puedes tener un nivel de inteligencia cognitiva muy alto y no tener inteligencia emocional alguna. Es algo que vemos mucho con superdotados. Tienen CI altísimos, y a una gran mayoría no les sirve para vivir una buena vida.

Lo importante es que llegue a las instituciones, ¿no?

Claro, porque son los que luego deciden las estructuras sociales en las que vivimos. Deciden cómo son las ciudades, dónde hay centros para reunirse, qué horarios tiene la gente. Es muy difícil creer que podamos desarrollar una gran inteligencia social con los horarios que tenemos en este país. Inteligencia social depende de algo más que nosotros. Aún así podemos hacer mucho…

Los políticos y la gente que está en las instituciones, ¿por qué no se interesan por estos temas?



Yo creo que es ignorancia y que también se debe a que todo lo que son las políticas de salud mental no son económicamente rentables. Los políticos les da mucho miedo apostar por cosas que a lo mejor de aquí a cuatro años no se ve el resultado. Yo creo que se verían muchos resultados. Lo digo de corazón.

En tu libro hablas mucho de la soledad que mucha gente siente en estos momentos. Otra gran paradoja: un mundo muy conectado en el que nos sentimos solos…

Vivimos una especie de epidemia de soledad. El ser humano es una especie muy vulnerable y su fuerza reside en la unión. Somos interdependientes y hay una cosa clara: juntos conseguimos más que solos. Debemos saber que si nos sentimos solos es porque necesitamos recuperar conexiones e intimidad con los demás. Sentirse solo, socialmente aislado, es doloroso y además puede afectar a tu salud. Hablo de sentirte solo, no de estar solo, que es algo de lo que se puede disfrutar. Hay una gran diferencia.

Dedicas una parte del libro a las redes sociales, y muestras tu preocupación.

Tenemos 200 amigos en Facebook pero a ninguno podemos darle un abrazo de seis segundos. Pero yo no digo que sean malas. De hecho, no se puede negar que son magníficas: nos permiten unirnos, que circule la información, que conozcamos a gente que piensa como nosotros… Es una revolución. Pero, ¿por qué somos tan agresivos en ellas? Porque cuando no miramos físicamente al otro no funciona el mecanismo de la empatía. Por eso es importante aprender a comunicarnos por las redes sociales, porque podemos hacer mucho daño sin darnos cuenta.
Hablas mucho del autocontrol. ¿Podrías dar a los lectores de  alguna pista para mejorar el autocontrol?

Lo que se ha visto con el autocontrol es que es el indicador de “éxito” mayor en la vida. Éxito en el sentido de mantener una pareja, aguantar a un jefe que es pesado, aprender un instrumento, aprender un idioma, mantener una dieta, hacer un examen, todo. No éramos conscientes de esto. El autocontrol es ser consciente y saber que sin esfuerzo no consigues lo que quieres. Por eso es importante que sepas lo que quieres conseguir, y que no vayas a lo que los demás te dicen que tienes que conseguir, sino elegirlo tú. Elije bien tus batallas porque dan mucho trabajo.

El problema es que mucha gente no sabe cuál es su batalla.
Nos educan para no saber lo que nos motiva. Vale preguntarse: “¿Yo, qué es lo que hago muy bien? La gente no piensa ni que eso que hacen sea algo especial. Lo que haces bien, lo que te motiva, es en lo que vas a querer hacer esfuerzo, es en lo que vas a querer desarrollar el autocontrol.

Para terminar, un mensaje: todos podemos hacer mucho por los demás y por nosotros mismos, ¿verdad?
Decirle algo amable o, simplemente, sonreír a la persona que te encuentras en el ascensor ya es mucho. Nada mejora tanto nuestra capacidad de mejorar como el afecto. ¿Por qué somos tan avaros con los afectos, con todo lo que sirven?

 

(esta entrevista la realicé en 2014 para la revista Grazia)