Elogio de la lectura

Me gusta leer. Me gusta que mi casa esté llena de libros, que estos dancen por las librerías y por las mesas, y en la cocina, y en el baño, y debajo de la cama o encima de la mesa. Me gusta quedarme dormido leyendo, y leer quedándome dormido. Me gustan los autores nuevos que son buenos, los que ya no viven que dejaron en sus libros un trocito de su alma, los que son valientes de compartir con los demás lo que otros no se atreven.

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Me gustan los libros escritos por autores que cuentan lo que quieren contar sin tener en cuenta a la crítica, ni si el libro va a vender o no, ni si tendrá una larga vida o no. Me dijo una vez Esther Tusquets: “hay un misterio que es el que decide si el libro se vende o no. A veces se intenta todo y no sirve nada”.

Me gusta leer. Me gusta subrayar los libros en distintos colores, escribir en los márgenes, extraer las mejores citas y llevarlas a mis cuadernos. Me gustan los libros usados, gastados, que han sido queridos y por tanto leídos. Me gustan los libros con mensaje, los libros que tienen un sentido, esos que cuenta historias que quizás impulsan al lector a la acción positiva o a hacer algo que no se había planteado antes. Me gusta la gente que lee con el móvil apagado, porque esa gente sabe permanecer en silencio. El silencio es necesario para leer, y también es la condición para estar solo, lo cual no es verdad, pues uno nunca está solo aunque a veces sí crea que lo está.

Me gusta la gente que compra libros, que se pierde en una librería, que vuela y se deja llevar por los sueños y las historias que otros vivieron y escribieron