El hermano de Chéster

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A diferencia de Chéster, este perrillo, su hermano, no se cansaba. C. me explicó que desde pequeños uno tenía más energía que otro, uno se cansaba antes que otro. Pero fue maravilloso verlos juntos: jugaban, caminaban el uno al lado del otro, se echaban nieve el uno al otro, y por ejemplo cuando íbamos por el pueblo y aparecían otros perros los dos se protegían. Se defendían. C. me explicó que se querían muchísimo, muchísimo, pero no hubiera hecho falta que me lo contara porque se notaba a la legua. Ayer puse en mi otra página una ilustración en la que se ve un chico y perro. El chico le dice al perro: “Enséñame a amar”. Creo que no es ninguna broma: me parece que en amor incondicional nos ganan por goleada, son mucho más sabios, y desde luego en vivir el momento presente mejor no hablemos. Lo curioso es que lo único que hacían cuando sacaba la cámara era mirarme, como si quisieran colaborar conmigo. Me acordé mucho en esta larga caminata del perro que tuve de niño, que me regaló los momentos más felices de la infancia, y también me acordé de Micaela. Los perros son tan sabios que entiendo que ella haya hecho de @_srperro su misión profesional de vida. Esto os cuento por hoy. Y os doy las buenas noches!