El cambio es fácil de entender, lo difícil es llevarlo a cabo

Al igual que ocurre con cualquier aprendizaje, las primeras etapas pueden parecer extrañas y a menudo irreales. Esta fase de inicio es necesaria porque todas las cosas nuevas que nos exigimos al principio le parecen extrañas a nuestro cuerpo. ¿Recuerdas cuando estabas aprendiendo a conducir?, ¿recuerdas toda la paciencia que debías tener contigo mismo cuando lo que querías hacer no estaba muy de acuerdo con lo que intentabas hacer?
La imagen de lo deseado no se parecía mucho a lo que estabas haciendo.

En su infancia, a muy pocas personas se les hizo hincapié en que aprendieran a usar herramientas humanas para establecer contacto con los demás y consigo mismas. Por el contrario, a la mayoría de nosotros se nos enseñó una y otra vez a obedecer y a realizar con eficiencia el trabajo. Si bien estos conocimientos son útiles en muchas situaciones, de ninguna forma abarcan todas las necesidades humanas. Ninguna de estas enseñanzas requiere un gran contacto sincero consigo mismo o con los demás. La mayoría de la gente tiene mucho nuevo por aprender y mucho viejo por sustituir en lo que se refiere al uso de las herramientas humanas para establecer un contacto satisfactorio.

Ninguno de nosotros viene al mundo con una bolsita de instrucciones sobre cómo establecer contacto. Hacemos lo más que podemos con lo que hemos aprendido, al igual que hicieron nuestros padres, que estaban en la misma situación.
Si puedes considerar el sitio donde ahora te encuentras como lo mejor que podías haber hecho, puedes congratularte por haber llegado tan lejos y también por haber cambiado tanto.

El cambio es fácil de entender, lo difícil es llevarlo a cabo. Hay muchas trampas ocultas en esta idea aparentemente tan sencilla y tan obvia.

Con cuánta frecuencia he visto a gente que…

 

miraba sin ver

escuchaba sin oír

hablaba sin decir nada

se movía sin darse cuenta

tocaba sin sentir

Del libro "En contacto íntimo", de Virginia Satir

Del libro “En contacto íntimo”, de Virginia Satir

Casi todos hemos pagado cara esa actitud. El precio consiste en no sentirnos bien con nosotros mismos ni con los demás, sentirnos no queridos, no llevar a cabo las cosas y no tener esperanza.
Es frecuente que nos sintamos incapaces de hacer algo al respecto.

Creo que hay cosas que podemos aprender y que pueden ayudarnos a hacer algo al respecto. Hay justificación para que haya mucha esperanza.

Fundamentalmente, toda cabeza funciona bastante bien. Lo agradable del aprendizaje es que cuando lo vemos y nuestra mente dice que es algo que tiene sentido, entonces, con paciencia y práctica, al igual que la fuerza de la gravedad, se incorpora a nuestro cuerpo y a nuestros sentimientos y se vuelve un aprendizaje nuevo -a menos que nos esforcemos por impedirle el paso, por ejemplo cuando pensamos: “no me lo merezco”

(Texto: Virginia Satir. De su libro ‘En contacto íntimo’)