Con María Frisa en Madrid

Ayer vino a Madrid mi buena amiga María Frisa, escritora, de Zaragoza, con una casa maravillosa, dos hijos muy guapos y una voluntad a prueba de tentaciones, la disciplina que se ha ido forjando a lo largo de los años y que le hace escribir un montón de horas al día, tanto le cunde que publica varios libros al año.

María Frisa y Curro Cañete.

María Frisa y Curro Cañete.

Comprenderéis que a mí eso, con mi debut literario aún pendiente y varios años ya enredado en los sueños literarios, me impresione, de ahí que la primera parte del desayuno la acaparara por completo con mis preguntas: “¿Y cómo te cunde tanto?, ¿a qué hora te pones?, ¿qué te distrae?, ¿cómo consigues vencer la resistencia?, ¿qué pasa los días que no tienes ganas de escribir?, ¿cuánto tiempo logras mantener la concentración?”

Y ante las preguntas María Frisa responde siempre riendo, porque eso es lo mejor, sus ganas de disfrutar de cada momento y su risa contagiosa, que es ahora exactamente la misma que cuando la conocí, hará unos diez años, todavía en sus comienzos literarios, cuando ya me di cuenta yo que esta tía no era una escritora como las demás, era más cachonda, más incorrecta, más dispuesta a salirse del círculo literario cada vez que le diera la gana.

María Frisa antes de publicar por primera vez y de que las editoriales confiaran en ella llevaba la novela que había escrito siempre en el bolso, por si se le presentaba la oportunidad de enseñársela a alguien, y así un buen día se le presentó la oportunidad… Y otras oportunidades las creó directamente ella, presentándose a los concursos literarios y ganándolos, atreviéndose siempre a vivir.

María no sólo respondió a todas mis preguntas, sino que me contó secretos de la promoción de las novelas, me dio datos, cifras, me ofreció información valiosa que podía interesarme y me dijo cosas privadas suyas que otros no contarían a nadie, y cuando ya creí que había terminado siguió compartiendo información. Sin embargo, cuando llegué a casa y le di las gracias por ser tan generosa, me escribió diciendo: ¿Generosa yo, por qué?

Además nos pusimos al día y los dos nos alegramos mucho con las cosas que nos contábamos el uno al otro. Lo pasamos muy bien y cuando ya nos íbamos nos regalaron un Frapuccino de chocolate en plena Gran Vía, que es donde nos hicimos la foto.

Es muy locuela María, siempre lo fue y lo sigue siendo, y a mí eso me encanta.

Besos a tod@s y buen jueves!!!!

Curro