Cómo afrontar con optimismo los pequeños accidentes domésticos

Mi nuevo Mac Air

Mi nuevo Mac Air © Curro Cañete

Primero lo primero: agradecer a todos los que os habéis apuntado a la tertulia de mañana en Café Gijón conmigo y Santi Senso: es genial que iniciativas que tratan de que COMPARTAMOS, conozcamos y salgamos de la mecanicidad, tengan éxito. Ya estamos bastante desbordados de forum, pero si alguno está muy interesado, que me escriba que puede haber bajas. La idea por mi parte es que empecemos el curso con más fuerza para la vida.

Ahora os voy a contar una historia: Estas son las primeras líneas que escribo con mi ordenador nuevo, y la primera foto que le hago. Estoy muy contento de tener este ordenador con el que escribiré mi nuevo libro (cuyo borrador ya he iniciado) y quién sabe cuántas cosas más. Yo no pretendía comprarme un ordenador, pero el otro día se me cayó algo de agua en mi macbook, que fue donde escribí Una nueva felicidad, ese ordenador que ha viajado por tantas partes del mundo y que me ha acompañado en los últimos seis años. Recogí el agua y confíe en que no pasaba nada. Al fin y al cabo, era muy poco agua la que había caído. Pero no se encendía. Entonces confié en que el arreglo sería fácil y lo llevé a mi informático de confianza. Lo operaron, y no supe de mi ordenador en siete días. No quise presionar a este gran profesional y no le dije: “¿Está ya?, ¿está ya?, ¿cuándo va a estar?” Porque sé que eso es lo que hacen el 99 % de las personas que dejan su ordenador. Pero no podía escribir la entrevista que le hice a Rut Nieves ni pasar a mis clientes de coaching los textos prometidos, tengo bastantes mails por responder y tampoco podía escribir un prólogo que me ha encargado una cantante para su proyecto literario. Les pedí paciencia, y me di yo paciencia mientras confiaba en que mi ordenador saldría bien de la operación. Pero ayer me llamó mi informático y me dijo: “Ha fallecido”. No entré en crisis ni siquiera ante la posibilidad de perder la información. Y como ya no había remedio, empecé a pensar en lo nuevo. Pero como yo no suelo tener muchos ahorros me metí en wallapop confiando en que encontraría el ordenador perfecto para mí. Y en cinco minutos encontré un Mac Air de un chico que me dio muy buenas sensaciones. El chico además decía que el ordenador estaba perfecto. Escribí al chico y le dejé mi número y le dije: “Solo te voy a hacer una pregunta: ¿Me prometes que está bien?”. Me mandó un audio de whatsapp y me dijo: “Mira, si fuera mío no te diría que no, pero es el ordenador de mi madre y está PERFECTO porque ella es la más cuidadosa del mundo. Ni lo ha sacado de casa”. Y saqué mis ahorros y me planté en su casa con la madre y el hijo, un piso muy bueno del barrio de Salamanca. La mujer no tendría más de cincuenta años y tenía el pelo largo y rubio y efectivamente era cuidadosa hasta decir basta: conservaba el ticket de ECI y tenía no solo la caja, sino hasta el envoltorio de los enchufes. Le pregunté si ella siempre había sido así de ordenada o era algo que había aprendido con el tiempo. Me dijo que era así desde que tenía recuerdo. El ordenador está como si fuera nuevo. Estuvimos una hora en su casa compartiendo mientras tratábamos de resetear el ordenador. El chico, de 23 años, después de agradecerme que no le regateara me contó que se dedicaba a jugar al póquer. Yo no me lo podía creer pero cuando la madre me dijo que sí, dije, vale, me lo creo. Me contó todo el universo que se mueve alrededor del póquer y cómo mucha gente no sabe que es un arte del que nunca se deja de aprender, y cuánto disfrutaba él aprendiendo y mejorando con lo que consideraba su pasión. Me contó que era una profesión como otra cualquiera, y aunque a su madre le había costado trabajo aceptar la pasión de su hijo, terminó aceptándolo. Yo me di cuenta que el chaval se sentía muy incomprendido. Él sabía los riesgos de lo que hacía, pero los asumía. Yo les dije que vivir ya es arriesgado, pero que todas las profesiones tienen sus retos. El que es funcionario tiene el sueldo fijo que yo no tengo pero el reto de llevar bien la monotonía, por ejemplo. La monotonía puede abrasar a una persona que no esté mentalmente preparada. Me fui de la casa hasta mi informático con el ordenador nuevo para que me instalara unas cosas que necesitaba. No se creía que en solo dos horas hubiera conseguido ese ordenador de segunda mano. Se puso a trabajar en él. Y ahora me lo ha dado junto al ordenador antiguo. Total, que este es mi primer post escrito en mi flamante Mac Air, que pesa menos que el otro y que me va a acompañar a lo largo del mundo más o menos en los próximos cinco años. Prometo cuidarte mucho, pequeño. Y a mis clientes les digo desde aquí: mañana tendréis lo prometido. ¡FELIZ día!