Arte, moda y glamour en la gran fiesta de Givenchy y Vanity Fair

Tita Cervera, Blanca Cuesta y Borja Thyssem.
Tita Cervera, Blanca Cuesta y Borja Thyssem.

Tita Cervera, Blanca Cuesta y Borja Thyssem.

Vanity Fair inauguró anoche en el Museo Thyssen-Bornemisza la exposición Hubert de Givenchy con una fiesta histórica que nadie quiso perderse. Texto y fotos: Curro Cañete

“¿Mi vestido favorito? Tantos… Bueno, quizás el de Audrey Hepburn en ‘Desayuno con diamantes’, que lo compraron en una subasta por 600.000 euros…”, me decía anoche, varias horas después de que comenzase la fiesta, Carmen Thyssen-Bornemisza, sonrisa de oreja a oreja, exultante. “Sí, estoy muy contenta, porque todo ha salido muy bien, esta fiesta ha sido perfecta, y Hubert de Givenchy ha estado encantado…”, añadió la baronesa, poco antes de que entrara en un divertido debate con su hijo Borja, y su nuera Blanca, sobre qué coche utilizarían para abandonar el museo, “el tuyo no, el mío, prefiero el mío, que no, que sí, que no he bebido nada y puedo conducir, que he he dicho que mejor con el mío…”, decían radiantes, los tres riendo, jugando, como si bromearan y no estuvieran dispuestos a volver a tomarse nunca, jamás, demasiado en serio.

Carolina Herrera con Givenchy

Carolina Herrera con Givenchy

Marta García, Carmen Cervera y Curro Cañete

Marta García, Carmen Cervera y Curro Cañete

A esa hora, las once y media de la noche, Hubert de Givenchy ya se había marchado satisfecho, lleno, sabiendo que nunca olvidaría la noche extraordinaria en la que su último sueño, el de comisariar una exposición en España sobre su trabajo, sus bellas creaciones, sus vestidos únicos, sus ilusiones vividas, pasadas, llegó al culmen del éxito, el mayor reconocimiento que podía tener un hombre como él, alguien que entiende la moda como un verdadero arte y que opina que “Yves Saint Laurent puso fin a la alta costura”, como dijo en la presentación en rueda de prensa, por la mañana, sin un ápice de nostalgia.

“Después vienen las modas, pero no la moda, la moda era en la época de Balenciaga, que fue mi maestro, porque cuando yo era muy joven y veía las revistas y veía lo que hacía me quedaba maravillado al comprobar que gracias a un pequeño detalle, a un cuello más abierto, cualquier cosa, aportaba algo diferente, único, que hacía que la clienta se diera cuenta de que algo estaba ocurriendo”, explicó el maestro.

Y en el cóctel se tomaban una copa de Moët & Chandon, puede que dos, quizás tres, y probaban el foie mi cuit, delicioso, y las fresas, y luego iban a hacer cola para felicitarle a él, al último gran maestro de la alta costura, que estaba allí, al fondo de la sala, muy cerca de ‘El paraíso’ de Tintoretto, recibiendo enhorabuenas, abrazos, besos, relajado y alegre, como reflejaba su sonrisa sincera, agradecida, la expresión de un rostro que hablaba por sí solo y que contagiaba a los invitados, que se iban pasando unos a otros su buen humor, porque en la fiesta de Vanity Fair y Givenchy las cosas eran así, tan bonitas, tan agradables, que algunos invitados, cuando se marchaban, exclamaban:

—¡Qué bien lo hemos pasado esta noche!

Los invitados lo habían pasado muy bien porque en la fiesta no faltó detalle, los cuadros de las paredes del museo, las rosas blancas, el catering (exquisito), la barra libre que no se acababa y que , poco a poco, iba alegrando, iluminando, cada vez más los rostros de las actrices, las modelos, las princesas, los políticos, los aristócratas, los jueces de la Audiencia, los hijos de personas célebres (¡estaba presente Luca Dotti, hijo de Audrey Hepburn!), los coleccionistas de arte, las socialités, los que se colaron, los escritores, los cantantes, los aspirantes a famosos, los íntimos amigos del homenajeado, que vinieron expresamente de París para esta fiesta bilingüe (el francés fue el segundo idioma que se escuchaba como run run de fondo), las damas de la alta sociedad no por elegantes menos divertidas, incorrectas (como Pitita Ridruejo, que se caía, literalmente se caía de sus altos tacones, pero que no se cayó y casi en brazos de un cronista de sociedad llegó donde ella quería, es decir, al fondo del todo, donde el Tintoretto, que es donde estaba también su amiga la baronesa), los diseñadores jóvenes, en cuyas manos está, como dijo el sabio, el futuro de la moda. “Los tiempos han cambiado. ¿Qué va a ocurrir? No lo puedo saber, y yo ya no estaré aquí para verlo”, dijo Hubert de Givenchy, y volvió a tener toda la razón. Nadie lo puede saber.

La Dj ya había seleccionado todas las canciones que el mismo Givenchy había pedido, ‘New York, New York’, ‘What a wonderful world’, ‘As time goes by’, ‘The finger of suspicion’, ‘I want to be loved by you’, ‘Moon River’, ‘My fair lady’, la maravillosa banda sonora de su vida, canciones que a algunas invitadas les transportó, como si fuese un sueño, por esos tiempos pasados en los que los grandes diseñadores todavía creían en el futuro de la moda y hacían obras maestras. ¡Pasen y vean!

Alfonso Díez y Virginia Galvín, subdirectora de VF

Lourdes Garzón, gran directora de Vanity Fair, junto a Ana Cela, Susana Ibañez, Jose María Goicoechea y Yolanda Regodón

Pitita

El gran Urbano Hidalgo

Marichalar, tan ricamente.

Paloma Segrelles madre e hija con Cuqui Fierro

Raquel Peláez, gran periodista y mejor persona.

Raimona Rosanes (nunca falla) y Jesús Nuñez.

Paco Arango

El fotógrafo Pablo Zamora y Josie

Natalia Ferviú y Miriam Giovanelli

Natalia Ferviú DJ

Moises Nieto: un diseñador GRANDE.

Miriam Giovanelli

El escritor Màxim Huerta y su amiga Virginia. Nunca fallan

La periodista Marta García con Adanowsky

Marina Castaño

Vera Bercovitz con Luca Dotti, hijo de Audrey Hepburn

Lorenzo del Castillo

Lola Herrera y Mikel Jaro. Sin miedo a nada.

Laura Ruiz y Arantxa del Pozo. Guapas, simpáticas y bellísimas personas.

Laura Hidalgo, Eva Diaz y Jose Luis Diaz

Juan Carlos Fernandez y Clara Courel

Josephine Douet, Cayetano, Mayte de la Iglesia, Berta, Patricia Olazar y Moncho Moreno

josemi rodriguez sieiro, pedro fernandez de araoz, Iñaki Oyarzabal y david meca

José Maria Goicoechea, Ana Cela y Alicia Barriguete

Fionna Ferrer

Fernando Merino, Adriano Silva, Angel Schelesser

Emmanuelle Monreal, de Chanel, y Juan David Valencia

Elsa Gallego, Laura Eguiluz y el diseñador Ion Fiz

Elena Giménz y Lorena Voces

Diego Cabrera

Curro Cañete con la gran Pitita Ridruejo

Marta García, Carmen Cervera y Curro Cañete

Carolina Herrera y Jaime de Marichalar

Carolina Herrera con Givenchy

Carmen Martínez Bordiú y su madre Carmen Franco

El diseñador Roberto Torretta con su mujer y una amiga

Alberto Espinosa y Max Aub. Sin miedo a nada.

Adanowsky