Mi amigo Moisés no puede hablar, ni andar, pero sí trabajar y ser feliz

A veces se nos olvida que es una suerte que podamos hablar, que podamos andar, que podamos subir escaleras. Es muy fácil que se nos olvide lo que damos por supuesto. Pero yo no puedo darlo por supuesto desde hace algunos meses. Desde que comencé el Master en la UAM no puedo olvidarlo porque uno de los alumnos, un chico alegre, responsable, alguien que ríe mucho en clase, no puede andar ni tampoco hablar. Él se comunica con nosotros, por supuesto. Lo hace a través de un tablero electrónico que siempre lleva consigo en su riñonera. Y se mueve de aquí para allá tan contento, subido a una silla electrónica que cuando él quiere alcanza velocidades que ni en patines. “¡Moisés, pero dónde vas tan rápido!”, le digo a veces cuando vamos a la cafetería. Él se echa a reír y corre más todavía. Tiene aceptada su discapacidad, sí, pero su actitud es mucho más entusiasta que la de muchas personas que conozco.

Moisés Mazagatos y Curro Cañete

Moisés Mazagatos y Curro Cañete, en la Universidad Autónoma de Madrid

Moisés tiene algo muy parecido, en los síntomas, a lo que se conoce como parálisis cerebral, pero no exactamente eso. La parálisis cerebral es una enfermedad que se tiene desde el nacimiento. Él me ha explicado que nació completamente sano. “Hasta los 17 meses tenía un desarrollo normal: empezaba a andar, comía normal, etc. Empecé con vómitos en forma de fuente y fiebres altas entre 39º y 40º. Me llevaron al hospital y me tuvieron ingresado haciendo pruebas 2 meses. De repente, detectaron como una especie de cardenal que era un tumor benigno (higroma subdural) debido a una caída en casa (cosa extraña). En un principio era una operación muy sencilla y no me quedaría ninguna lesión”, cuenta Moisés.

Pero no fue así. “Una noche, de repente, llamaron a mis padres de urgencias diciendo que tenían que firmar los papeles urgentemente para operarme de urgencias porque me estaban dando convulsiones”, cuenta Moisés, y aclara que esto fue muy pero que muy raro, pues nunca más le ha vuelto a suceder algo así.

“Esa primera operación fue la que dañó y se murieron algunas neuronas fundamentales e irremplazables, donde me punzaron la cabeza, me utilizaron como ‘conejito de indias’ lo que quisieron y más porque tengo las cicatrices de eso”, explica Moisés.

Lo sorprendente de su caso es que, una vez operado, se perdió misteriosamente su verdadero historial médico. Él y su familia creen que se perdió para que no pudieran denunciarles.

Retomó el caso el doctor que le iba a operar (antes de que el otro doctor le operara por aquellas extrañas convulsiones) y les dijo a sus padres que por qué habían adelantado la operación. No había historial.

El doctor vio que no le bajaba la fiebre y así entró Moisés en quirófano por segunda vez, en esta ocasión porque le iban a colocar una válvula cerebral (“quería intentar reparar el destrozo del otro doctor, pero el daño ya estaba hecho”, aclara Moisés). Pero salió sin válvula cerebral de esa segunda operación.

Los médicos no le daban ni un día de vida y así se lo dijeron a sus padres. Pero sus padres no hicieron caso. Sus padres decidieron, bajo su responsabilidad, llevárselo a casa. Moisés salió que no podía ni sujetar la cabeza. Afortunadamente, los médicos se equivocaron. Moisés vivió. Moisés logró crecer, estudiar, disfrutar, hacer una carrera, estudiar un máster, tener amigos, pareja… Los médicos dijeron que no viviría, pero… “¡He durado 34 años y voy a durar 100! O sea que me quedan 66 años para dar la lata, jejeje”.

Tenía 17 meses cuando entró en un hospital y ocurrió algo, algo que no tenía nada que ver con lo que a él le pasaba, un posible error médico que le ha costado la movilidad de sus piernas, el poder pronunciar palabras, cierta coordinación motora, pero no su felicidad. Porque Moisés es feliz, y ríe mucho, es el que más ríe de clase. Se toma la vida con humor pero también con responsabilidad.

Jesús de Miguel, doctor en psicología y director del Master de Coaching Profesional impartido en la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid, dice que algún día lo veremos en el telediario. Un caso asombroso. Un psicólogo y un coach que no habla, pero que transmite lo más importante: su energía positiva, su alegría de vivir. Doy las gracias a Moisés y a la vida por haberme dado la oportunidad de conocerle. Ahora no olvido que puedo caminar, que puedo hablar, ni tampoco que se puede ser feliz sin hacer ninguna de esas dos cosas.