El chico que leía a Frederic Lenoir

Gran Vía desde las alturas. © Curro Cañete.

Gran Vía desde las alturas. © Curro Cañete.

Hola. Hace un rato hice esta foto, pero ahora estoy tomando un café con leche desnatada en el Starbucks de Gran Vía mientras escribo y pienso en 2017 y con qué propósitos me voy a comprometer. A mucha gente le ha dado por decir que los propósitos no se cumplen, pero eso no es cierto: depende de uno, y si te fijas veinte propósitos posiblemente no cumplas ninguno, pero si te pones uno, o dos, y que sean posibles para ti al mismo tiempo que retadores, puedes cumplirlos perfectamente. Yo estoy muy a favor de los propósitos y de la reflexión en soledad, pues proponernos cosas buenas ya forma parte del cambio que queremos, lo consigamos o no. Yo reflexiono muchísimo, pero aún no sé cuáles van a ser los míos. Tengo ideas, claro, algunas escritas sobre el papel, pero no sé con seguridad con cuál(es) me voy a comprometer. Bueno, uno de mis compromisos sí lo sé y tiene que ver con algo que decidí el otro día, después de conocer a Angel, un chico de París que ya se ha ido de Madrid. Me contó que su trabajo no le gustaba tanto, y llevaba un buen libro sobre la felicidad en la mochila, de Frederic Lenoir. Él me dijo: “¿Tú has escrito un libro sobre la felicidad? No puede ser: es mi tema preferido”. Me quedé muy sorprendido cuando descubrí su edad, solo 26 años pese a su juicio tan lúcido. El chico soltó por esa boca ideas que podrían cambiar el mundo, y sentía mucha emoción en llevarlas a cabo. Sus ojos reflejaban encendida fe y entusiasmo. Pero no sabía si se iba a atrever. Yo le dije que se iba a atrever seguro, y es verdad, no tengo ninguna duda de que Ángel, ese joven que adora el Museo del Jamón, el restaurante La pescadería y “la energía de Madrid”, va a hacer algo bonito, posiblemente grande, con su vida. Llevaba un tatuaje en un brazo que simbolizaba el FIN y otro en el otro brazo que simbolizaba el COMIENZO. Dice que cuando se hizo el de “fin” fue porque lo estaba pasando realmente mal. Estaba muy triste. Luego llegó el “comienzo” y comprendió algo muy importante: cuando algo acaba, algo empieza, siempre. Y decidió no olvidarlo: se lo grabó en la piel. En tiempos de las redes sociales parece que todo el mundo lo pasa siempre bien, pero eso no es cierto: todos tenemos dudas, miedos, inseguridades y decepciones. Angel los tiene, yo los tengo, tú los tienes, pero podemos hacer nuestra vida a pesar de ellos y además podemos conseguir que sean más pequeñitos cada vez: moscas molestas en lugar de monstruos. Os dejo esta foto que hice el otro día en las alturas de Madrid con la esperanza de que os guste. Feliz noche.